22 Feb 2026

La Policía Nacional sin motos en Arona

Municipios

El adiós de los ‘alazanes’: crónica de una unidad perdida

Juan Santana / Arona

Preguntamos a algunos policías locales y nacionales de Arona en Tenerife, si es obligatorio llevar la pulsera bien visible, todos responden que no es obligatorio y la pregunta fue por la sencilla razón de ver especialmente a muchos jóvenes con pantalón corto y la pulsera bien visible en los centros comerciales, en la calle o en los transportes públicos y sin miedo al éxito.

Hablamos de la pulsera que ponen a las personas que desgraciadamente han cometido algún delito y así están controladas, pero cuando estábamos preguntando un amigo y lector que trabaja de Policía Nacional, aprovechó para denunciar públicamente a través de este periódico que les han quitado las motos y ahora es más difícil atrapar a los delincuentes, especialmente a quienes roban a los turistas. Sin más preámbulos, compartimos sus palabras...

El adiós de los ‘alazanes’: crónica de una unidad perdida. Durante más de una década, un grupo de jóvenes agentes a lomos de sus motocicletas veló por la seguridad de los paseos y rincones turísticos de Arona y Adeje. Eran los populares ‘alazanes’, hoy simplemente recordados entre los vecinos como aquel destacamento ágil, cercano y siempre dispuesto a prestar auxilio donde los demás no alcanzaban.

Un patrullaje de proximidad, “siempre los veías al anochecer, subidos en sus monturas, recorriendo la costa de Playa de las Américas o los senderos del Barranco del Infierno”, recuerda María González, propietaria de un quiosco en Los Cristianos. “Su presencia era un escudo contra el delito y un abrazo para el turista despistado”.

Con un mínimo de diez años de servicio efectivo, estos motoristas demostraron día tras día su capacidad de reacción: socorrer a un ciclista accidentado, dispersar un botellón improvisado o disuadir con su sola aparición a redes de carteristas en plena zona de ocio. Su distintivo chaleco y casco se convirtieron en un emblema de confianza. La burocracia como enemigo y sin embargo, los últimos años han borrado aquel estandarte. Un cúmulo de trámites internos, recortes presupuestarios y el continuo desgaste del equipamiento, con cascos caducados, con motos sin recambios han relegado a estos profesionales a patrullas en coche. “Es imposible llegar en turismo a los callejones peatonales ni sortear la maraña de patinetes y bicicletas”, lamenta el oficial José Martín, que formó parte de la unidad.

Los comercios y usuarios presenciaron con asombro cómo los ‘alazanes’ dejaron de surcar los paseos marítimos. Muchos aún hoy envían cánticos de ánimo o donaciones de cascos rechazadas por “imagen corporativa” o “problemas administrativos”, mientras la Policía Nacional insiste en que el relevo se cubre con patrullas convencionales.

Es una petición de justicia nos confiesa de esta forma, “Lo que pido es que se valore de nuevo la eficiencia de la moto patrulla en una zona colapsada de tráfico y barreras arquitectónicas”, declara la subinspectora Carmen Torres. “No se trata de nostalgia, sino de utilidad real: la moto salva vidas y reduce tiempos de respuesta”. En definitiva, la historia de los alazanes” se convierte en un relato agridulce: héroes cotidianos, aplaudidos por los ciudadanos, hoy casi olvidados en los despachos. Queda abierta la incógnita de si volverán a rugir sus motores por la costa tinerfeña. Mientras tanto, la voz de los vecinos y el clamor de los propios agentes piden a la Dirección General de la Policía Nacional que revierta una decisión que, para muchos, supone perder un patrimonio de seguridad y cercanía.

Nota al lector:

Los nombres, lugares y fechas de esta crónica son inventados. Le corresponde a usted decidir si prefiere creer en esta historia… o formar parte de ella

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